Así será la camiseta oficial del Barça 2017/18

El nuevo diseño de Nike incorpora al nuevo patrocinador, Rakuten

Se recuperan unos colores más intensos y varía el tamaño de las franjas

Ya se han filtrado las primeras imágenes de la camiseta del FC Barcelona para la temporada 2017/18 diseñada por Nike. Se trata de un diseño muy distinto al de la actual casaca y que ya incorpora el nombre del nuevo patrocinador de la entidad, la multinacional japonesa Rakuten

Ha sido el portal ‘footyheadlines.com’ el que ha adelantado una primera imagen de la camiseta, así como parte de los detalles que presentará el uniforme que lucirán Leo Messi y compañía a partir del verano de 2017

La camiseta del Barça 2017/18 estrecha las franjas tradicionales, que se habían recuperado en el diseño de esta temporada, aunque seguirán siendo verticales como es tradición.

La novedad es que los colores son más oscuros, tanto el azul como el granate, y se partirá de una franja grana central que se va ‘desvaneciendo’ mientras que los costados son azules aunque por la manga y los laterales bajará una franja granate. El cuello mantendrá una parte en color amarillo dorado.

Iniesta, de por vida y a La Masía

Andrés Iniesta (32) lleva el brazalete del equipo azulgrana desde que...

El Barcelona y Andrés Iniesta están negociando los últimos detalles de su renovación. El acuerdo está muy avanzado y la idea es que se anuncie el nuevo compromiso antes del próximo 30 de junio. En un principio, el capitán azulgrana firmaría por dos temporadas más otra opcional.

Sin embargo, la de Iniesta no es una renovación normal y va mucho más allá. La oferta no se ciñe a su carrera como futbolista, sino que el club ha buscado una vinculación con el de Fuentealbilla para cuando se retire como jugador. La propuesta que tiene sobre la mesa es la de ser uno de los responsables de La Masía en el futuro.

Iniesta entró en Can Barça hace 20 años. Ha sido uno de los claros exponentes de lo que representa La Masía en el mundo del fútbol. Un chaval que llegó a Barcelona y se fue a vivir a la residencia de las jóvenes promesas. Ahí se formó como jugador y como persona y refleja perfectamente los valores que el club azulgrana quiere inculcar a los jóvenes. No es de extrañar que se haya convertido en el capitán del equipo.

Este futbolista es todo un símbolo para el club azulgrana por todo lo que ha conseguido en su etapa en el primer equipo. Ha ganado todos los títulos posibles y su gol en Stamford Bridge frente al Chelsea es uno de los más recordados por el barcelonismo. Dio una clasificación in extremis en semifinales que acabaría en la tercera Copa de Europa del equipo azulgrana.

Ahora Iniesta tiene que responder a esta propuesta. En un principio, la intención del jugador es la de seguir vinculado en un futuro al que ha sido el club de toda su vida. La Directiva le ha dejado claras sus intenciones. Cuenta con él en un futuro y le ve liderando el proyecto de futuro que tiene el club en la cantera. El Barcelona va a seguir apostando muy fuerte por los jóvenes en los próximos años, creando un modelo muy particular de formación de jugadores, tanto a nivel deportivo como personal. Un modelo, además, que no será exclusivo para el fútbol, sino también para el resto de las secciones.

Una remontada labrada durante décadas

Remontar un 4-0 en una eliminatoria de la Liga de Campeones no es una cuestión de fútbol. Cualquier equipo que gana lo suficiente como para llegar vivo a estas etapas atesora nivel más que de sobra para evitar encajar cinco goles si, para clasificarse, sabe que con eso basta. Cualquiera. No digamos ya uno de la talla del Paris Saint-Germain, cuyo once titular está copado de internacionales. Por tanto, de cara a volver posible lo que no lo parece, el primer paso consiste en penetrar en la mente del adversario, borrar sus defensas y volverla loca, lo que sólo se puede conseguir de una única manera: por contagio.

La locura del FC Barcelona es ganadora porque se originó tras una deducción coherente. En el joven siglo que transcurre, no hay equipo que haya acumulado ni más triunfos ni mayor admiración, y cuando uno frecuenta tanto el pico de lo racional, acceder a lo que la razón no comprende, al fin y al cabo, se halla a nada más que un pasito. Por eso el técnico, el grupo y la afición primero creyeron, luego tuvieron fe y al final gozaron incluso de confianza; una confianza tan real, tan poco artificiosa, que se imprime en la mirada, las expresiones y hasta el tono de la voz y, sin remedio, resultan captadas por los sentidos de la víctima. Entonces, el milagro ya se dio. Porque lo más alucinante de la remontada del Barça contra el campeón de Francia no estribó en lo que ocurrió, sino en que, visto con perspectiva, no pudo no ocurrir.

Luis Enrique modificó su pizarra para, con sus decisiones, escribir un mensaje en claro: “se puede”.

Los planteamientos de ambos entrenadores tuvieron peso decisivo en lo más importante del choque, que era su balanza anímica. Luis Enrique tomó tres decisiones a definir como ganadoras. La primera, mantener la apuesta por el 3-4-3, el esquema que ha recuperado, por H o por B, la autoestima de su plantilla. La segunda, alinear a Mascherano con una doble intención, la de marcar al peligroso Draxler con su defensor más técnico y la de situar al emperador Piqué en el centro de la línea de tres zagueros. En última instancia, resolvió sacrificar al versátil Sergi Roberto en favor del más ofensivo Rakitic, en una elección de gran calado táctico porque se eliminaba, de partida, la opción de formar, sin balón, el 4-4-2 con el que el asturiano se siente más seguro. El mensaje, así pues, era esclarecedor: el Barça pretendía no defender nunca. La patata caliente, para Unai.

Y Unai, experto en eliminatorias pero novato -totalmente novato- ante el escenario de intentar eliminar a un histórico de la competición que más le importa, no supo afrontar sus quehaceres con igual acierto que su homónimo. Su once titular parecía relativamente canónico dadas las bajas, pero en lo referido al chip, o indujo al pánico a sus futbolistas o, en el caso de que él no fuese el origen, no logró extirpárselo. El Paris Saint-Germain saltó al Camp Nou muy acongojado, preso de un miedo de brutal trascendencia táctica. Para muestra, la escena más repetida del film: o Mascherano, o Piqué o Umtiti, los tres súper pulcros y sin ninguna presión en 10 metros a su redonda, subían con el balón controlado hasta alcanzar, más o menos, el último cuarto de la cancha. Hasta ahí, curioso. Pero hubo más: a cada paso que daban ellos, el PSG respondía dando dos hacia atrás. El Barça, sin presentar más -ni menos- que su gloriosa historia reciente, disfrutaba de un control posicional absolutamente tiránico; acreedor de su remontada.

El Barça nunca logró establecer un ritmo ofensivo afín a la remontada que estaba intentando completar.

Pero los azulgranas no supieron convertir ese dominio táctico en un caudal ofensivo propio de la gesta que concretó. Si bien nunca sabremos si Emery orquestó, o no, el repliegue que ejecutó su equipo, sí que cupo deducir que parte de su estrategia en defensa se basaba en regalar los costados y concentrar la mayor parte de sus efectivos en el carril central, algo que albergaba cierto sentido ante el hecho de que Luis Enrique había prescindido de la sorpresa, llegando desde atrás, de Sergi Roberto y Jordi Alba. Y hay que reconocer que, sin emitir nunca una sensación sólida o infalible, por el centro, donde estaban Iniesta, Messi y Suárez, el Barça apenas creó juego. Sin embargo, por bandas, el Camp Nou respiraba esperanza.

Rafinha jugó a placer desde el minuto uno al último y otorgó al Barça cierto ritmo ofensivo, aunque no el suficiente considerando que fue el destinatario del mayor número de ventajas culés. Quizá dejó a deber. Pero Neymar JR compensó sobremanera. De menos a más, porque empezó omnipresente pero acabó omnipotente, la estrella del fútbol brasileño exhibió una autosuficiencia hoy por hoy sin comparativa en lo referido a crear peligro por sí mismo, y desató, a pares, pequeños huracanes que arrebataron al PSG la compostura que adquirió con el ingreso de Di María al campo. Aunque lo demoledor fue lo acaecido tras el minuto 85. Hasta Luis Suárez, siempre indoblegable, parecía haberse rendido tras un cuarto de hora de fútbol frustrado sin recompensa ni atisbo de ella. Pero Neymar conservó la fe. La fe en el juego, en el Barça y en sí mismo. El recorte previo al pase mortal a Sergi Roberto es de futbolista que camina por encima del bien y del mal de la Copa de Europa, de la Champions League. Neymar es indemne a la misma.

Ter Stegen, con su paradón a Cavani y su robo a Di María en el descuento, probó calidad y grandeza.

Y se habla de este torneo como si hospedase vida y voluntad porque anoche, en el Barcelona 6-Paris Saint-Germain 1, volvió a demostrarse que es tal cual. La Champions League importa tanto a quienes la disputan que transforma las emociones y, por tanto, todo. Y tiene contexto. Sus partidos no empiezan en el minuto 1, sino en el principio de sus tiempos, y hay que ser no ya muy bueno, sino también muy especial, para que sus trucos no te cambien. Por eso, quien ya escribió historia y deja que esta tome el testigo como autora de la de su futuro, gana más que el resto, y completa hazañas que los demás no pueden. El Paris Saint-Germain fue víctima de 20 años de fútbol que han cambiado la mentalidad de un club. En el Camp Nou, anoche, cuando hacían falta tres goles y quedaban dos minutos para el 90, no se había marchado nadie. Por eso los franceses, que en su puesto no habrían llenado ni tres cuartos del Parque de los Príncipes, creyeron en la derrota. Por eso el Barça, sin demasiado ritmo ofensivo, sin crear muchas ocasiones, sin permitir siquiera que hoy glosemos a Leo Messi, completó una remontada histórica como la que más. Porque el milagro no se dio tras el chut de Sergi Roberto. El milagro ha sido paulatino.

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La mayor remontada de la historia del fútbol europeo

El Barcelona ha conseguido lo que nadie había sido capaz de lograr en Europa: pasar de ronda teniendo que remontar un 4-0 en contra del partido de ida. Es un hito histórico sin precedentes.

El equipo de Luis Enrique había perdido en París y pocos apostaban por que pudiera dar la vuelta al resultado en el Camp Nou.

El Barça se llegó a poner 3-0, pero el tanto de Cavanni parecía que dejaba sentenciada la eliminatoria porque obligaba a su rival a marcar tres goles más. Sin embargo, los azulgranas rompieron todos los pronósticos y consiguieron ganar por 6-1.

El partido de esta noche pasará a la historia como el de la remontada y será invocado y recordado cada vez que el equipo tenga que hacer frente a un resultado adverso. Un partido que ya es historia del Barça.

El primer gol de la remontada

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Lo lograrán o no. Meterán dos, tres, cuatro o cinco goles. Quizás encajarán alguno, pero de lo que no hay duda es de que habrá partido, algo de lo que dudaba todo el mundo hasta hace unos días. El Barça ha logrado, en tan solo una semana, convencerse a si mismos de que pueden volver a jugar con brillantez, han enchufado a un entorno que es pesimista por naturaleza e, incluso, le han metido el miedo en el cuerpo a un PSG que soñaba con venir al Camp Nou para enfrentarse a un equipo con cabezas bajas. Que nadie dude que levantar una eliminatoria de Champions con un 4-0 en contra es prácticamente imposible, pero también es cierto que s hay un equipo en el mundo capaz de hacerlo es el Barça de Messi. Si juegan con la lucidez mostrada ante el Celta, el PSG lo pasará muy mal en el Camp Nou. Luego intervendrá la suerte, la capacidad de resistencia de un gran rival e, incluso, la incidencia del árbitro, pero el espectáculo está servido.

Todos los entrenadores tienen muy claro que una mala noche en una competición como en la Champions significa el adiós a la competición. El Barça tuvo en París esa pájara que arruina el trabajo de toda una temporada, pero en el ambiente se respiraba un sentimiento de claudicación que nada tiene que ver con la calidad de este equipo. Porque lo que queda ya muy claro es que este Barça, si cae eliminado, no lo hará como ante el Bayern de hace unas temporadas en una eliminatoria que agacho la cabeza mucho antes de que se jugara el partido de vuelta. Ahora, el reto se asume con una ilusión que hará grande el partido por si solo y que podría reforzar al equipo a pesar de la eliminación. Ahora le toca a los jugadores hacer su trabajo y a la afición creer. Y a su técnico asumir que éste puede ser un partido histórico. Luego, acabará como acabará, pero hay partido.

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