Messi, entre rejas

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“Seguro que no se imaginan a Leo Messi con un traje de rayas que no sea el del Barcelona” dice la voz de una periodista de una cadena latinoamericana mientras vemos al futbolista con la típica camisa de los hermanos Dalton.

En otra cadena extranjera incrustan una foto de Messi dentro de una celda mientras la puerta se cierra en sus narices. Nos lo enseñaron ayer por la tarde en Jugones para exhibir la enorme repercusión mediática de la noticia después de saberse la petición de la abogacía del Estado respecto al caso de fraude fiscal de Messi. Pedrerol se vanagloriaba de haberse convertido en el referente mediático internacional de estos programas.

En Deportes Cuatro consultaban a un abogado para saber qué posibilidades reales había de que Messi acabara en la cárcel. También concluían la información de este caso con una puerta de grandes barrotes cerrándose. En todos los programas se repetía la palabra “cárcel” una y otra vez. Ponían el foco en el rostro del futbolista dentro del coche de Luis Suárez para apreciar un atisbo de angustia o preocupación en su expresión. No hubo suerte. Messi estaba sonriente.

Si estos (des)informativos convierten en noticia-espectáculo la simple mirada de un jugador ¿qué no serán capaces de hacer ante una grabación de Messi declarando ante un juez? Se busca el impacto mediático de un Messi delincuente, la famosa condena del Telediario.

Decía Pedrerol que era inadmisible convertir al futbolista en un mártir. Pero una cosa es que Messi responda ante la ley como cualquier hijo de vecino (que es lo que debe ser) y la otra es que los medios se recreen en una presunta condena que no ha llegado, adelantándose a los acontecimientos.

Esta necesidad de los medios de escudriñar cada centímetro cuadrado de su rostro para ver si está afectado, de señalarlo con un círculo en su cara para destacar su expresión, de dibujar al futbolista entre rejas, de ponerle un traje de rayas, de repetir en bucle una y otra vez su entrada a unos juzgados… delata el morbo mediático que hay para ver al genial futbolista derrotado.

Ciencia pura

El jueves por la noche en El Chiringuito hacían un cutre-experimento: poner a cuatro tíos pitando y a otros cuatro aplaudiendo para demostrar que en igualdad de condiciones se escuchan más fuerte los pitos que los aplausos. Menudo descubrimiento. A esto se le llama capacidad de innovación e ingenio televisivo. Menos mal que está El Chiringuito para aclararnos los grandes misterios de la ciencia.

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